Bueno. Teniendo en cuenta que no me lee ni mi vieja, me siento lo suficientemente cómoda con mi invisible e inexistente audiencia como para contar aquellas cosas que me pasan sin sentirme juzgada (por ahora).
Aclaro que no exagero ni disfruto mi condición de loca, aunque lo parezca, no es así.
Pero si una no se toma las cosas con humor… ¿qué queda?
Ayer tuve que ir al médico, a la ginecóloga para ser más exacta. Le tengo fobia a los médicos, hospitales y demás cosas y/o personas relacionadas con la salud en general. El hecho de ser hipocondríaca puede que tenga algo que ver con esta fobia.
Hace un par de días me agarró un dolor en la pelvis muy fuerte. Cada día empeoraba y mi hipocondría no tardó en decirme “loca ojo que esto es re grave”. Como le tengo fobia a los médicos, siempre me demoro en ir a verlos. Estiro el dolor lo más que puedo, hasta que lógicamente la situación no da para más y no me queda otra que visitar a estos malditos inútiles que cada vez saben menos. Les sacás las máquinas para hacer estudios y no entienden un carajo. Médicos eran los de antes. En fin. Así fue que llegué al consultorio de esta ginecóloga que ni tenía idea de lo que le esperaba. Apenas entré me encargué de hacerle saber mi condición diciéndole “teneme paciencia porque soy muy impresionable”. No me copa la idea de que me revisen ninguna parte del cuerpo, menos que menos ESA parte y MENOS que menos por una mina. Pero me tenía que hacer las dos ecografías para ver si había algo mal en mí. La primera ecografía fue la abdominal. Me retorcía cual Emily Rose en el exorcista de la impresión que me daba esa cosa fría en mi abdomen. El momento que duró fue eterno, más porque mi hipocondría me susurraba cosas espantosas al oído, tales como: “uhh mirá cómo se demora en esa zona, debe ser algo grave!”
La primera eco dio todo bien. Suspiré y me dispuse a despedirme de la ginecóloga, pero esta me frenó y me dijo “pará! Te falta la otra!” Maldita detallista. La otra… es lo peor que le puede pasar a una mujer como yo. El nombre de la ecografía ya te espanta: “endovaginal”, y consiste en que algo muy parecido a un miembro masculino pero obviamente de mal gusto y con una crema helada que no está buena, ingrese a tu zona. Fue un horror. No podía dejar de cerrarle las piernas cada vez que se me acercaba con el artefacto. Hubo veces en las que hasta me tapaba con las manos para impedirle el acceso. Ella se reía y yo agonizaba de ataque de pánico. Después de varios intentos, logramos concretar la segunda eco. Me fui diciéndole que “bueno, al menos vas a tener algo interesante para contar en la cena esta noche con tu familia”. Soy tan ridícula cuando estoy nerviosa.
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